lunes, 23 de junio de 2008

Poema de Jacobo Fijman


Aldea


Mi blanca soledad-
aldea abandonada.

Revuelo de perezas
sobre la torre de un anhelo
que tañe sus horizontes.

Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.

Se ha sentado el dolor como un cacique
en el banquillo de mi corazón.

Las lluvias estancadas de mis sueños
se han cubierto de musgo.

En el horno apagado del silencio
mis frutos maduraron
estérilmente.


© Jacobo Fijman
de su libro Molino Rojo

3 comentarios:

diana poblet dijo...

El Maestro al que decían loco, nos ha dado cátedra sobre la soledad y el abandono.Se ha servido de los versos como si de una bandeja de bombones se tratase, para que nosotros notásemos su equilibrio poético.
Aún desde tan lejano, su palabra nos llega inalterable al tiempo y al espacio.
d.

Eduardo dijo...

Sublime descripción de la tristeza, Jacobo. Pido a Dios no recalar nunca en tu Aldea.

Eduardo M.

diana poblet dijo...

Absolutamente No.
Tampoco quisiera recalar ahí, Eduardo, trataremos de irnos juntos a nuestra aldea de luces.
abrazo,
d.