
ÁRBOL
El arbol piensa
su sombra
bajo el arco-iris.
Lejos,
un molino blanco
le hace señas
como un reloj
que sobrepasa
el tiempo.
©TERESINKA PEREIRA
Café de encuentro para tu voz, para Ser palabra que cruce puentes y silencios.

fotografía Diana Poblet
Una columna de gente avanza por la ruta 22
son cientos/ miles y se siguen sumando
van cantando/ lanzando consignas al viento
de a ratos bailan y ríen
ríen como si el cansancio fuera una bendición
son maestros/ profesores/ alfabetizadores/ alumnos
que van en pos de un mundo mejor
un mundo de hijos y padres con ansias de sabiduría
para crear un mundo nuevo de hombres y mujeres libres.
Esos maestros reclaman pan y libros
esos alumnos reclaman palabras y sueños
maestros y alumnos aprietan una tiza en la mano
y el cielo del desierto del sur
es un inmenso pizarrón de esperanzas aladas.
Entonces aparecen los esclavos del poder
con esos uniformes manchados de inagotable sangre
desde hace mucho tiempo/ desde hacen tantas muertes
y la orden del poder es: REPRIMIR
“repriman a esos hombres y mujeres
que muestran una luz en medio de la oscuridad/
y elijan a uno para escarmentarlos/
a uno que enseña en un barrio tomado por la necesidad
en una villa con hambre de conocimiento y sed de justicia/
elijan a uno y FUSÍLENLO por la espalda
a un metro de distancia
apúntenle directamente a la cabeza
destrocen esa cabeza que piensa y enseña
ahí adentro se esconde el mayor de los peligros
ahí adentro se esconde la LIBERTAD.”
©ALDO NOVELLI

tan solo, tan lejos, tan sin ellos
buscando a ciegas un fusil para traerles un milagro
que harán los muchachos ahora, dónde duermen si duermen,
qué hacen sus manos queridas, qué acarician si acarician,
qué dolor estrangulan a solas sin ruido
que un hombre macho no debe llorar.
Argentina, te llevo oculta como un ladrón,
tus puntas me rompen la piel y me delatan,
quedate quieta, amor, nos miran, somos tus huerfanitos
entre la última curda y la revolución
disparando en tu honor estos cachos de muerte.
Hoy ando con una garúa feroz, cómo llovizna tu sangre,
llevo treinta nenes llorándome en el alma
todos juntos.
de "Sangral América", ©Julio Huasi


tanto de la noche como en los cuartos de mi cabeza.
No se deja ver la muy yegua, pero golpea
a las puertas de mí como huérfana bajo la lluvia. Golpea.
La tregua o silencio –vale igual-
sobreviene con la luz en el rostro del nuevo día;
pero el tiempo –implacable- no se enferma
no se muere nunca el condenado
de modo que regresa la oscuridad y con ella
la yegua, y con ella el galope tanto afuera
como adentro de la noche y adentro
de los cuartos de mi cabeza.
Vuelve la mensajera de la soledad.
Relincha la soprano del dolor.
© Marcos Silber

para Alejandra
Mírate
en el espejo de las horas
desnúdate
en el centro de una plaza
antójame
como un zorro a las uvas
suéñame
toda vestida de arcángel
simbolízame
sin un pan bajo del brazo
sublimízame
en espacios militantes
y luego
desnúdate
y ámame.
Serás ese río que renace en las piedras ya agotadas, manantial de temprana cordillera, una azucena del alba, el perejil de mis males, tormillo y harina tostada, lechuza de temporada, medialunas con tostadas, tango de la barra brava. Amor, mi amor, te estoy esperando, como el ñandú a la pava. Te haré cepillo de la espuma, limpiaré la historia como alguien que la engrasa, y en un castillo de naipes, habrá un plumero gigante: te veré detrás del agua, no gozarás mucho en tu cama, porque estarás conmigo siempre, soñando junto a la parva o para el caso, gigante, envueltito entre mis sábanas, restinga de las vaginas que callan.

Ella (a la Hermana Alice Domon)
La distancia la trajo en su canoa de sal
y de agua oscilante
igual a una doncella extasiada.
Las estrellas marinas extendían sus brazos
como ella
en una ronda líquida que atraía a los peces
Pude verla danzar –al menos eso es lo que creí-
con sus pechos desnudos como dos rosas blancas.
Sus labios dormidos se bebían el mar
Las algas ponían anillos verdes en sus tobillos
collares casi azules en su garganta.
Y ella/continuaba su danza sin sentido
con su cabellera abierta
en largas llamaradas brillantes
y la misma seducción de las ninfas
enamoradas de un delfín.
Ella vino avanzando desde el fondo del mar
como una señal.
Con el sonido del espanto y sus pezones muertos
en una cámara de tortura.
Ella vino avanzando
con sus pasos de clausurar secretos
sobre su propia llaga
y el corazón de amar en otra parte.
Entonces comenzó a dar de comer a los peces
las niñas de sus ojos
(algunos preferían sus entrañas)
mientras continuaba su danza
surgiendo y resurgiendo asediada de piedras
y ellos se obstinaban en escarbar su ausencia
como una tinaja gris.
Frente al estrado del mar
y al oscuro tribunal de la noche
su cuerpo era un silencio que crecía/como una acusación.
(de novela“Algo habrán hecho” (Monjas francesas desaparecidas)
-actuó como prólogo-
de ©Elena Cabrejas

